La película cuenta la historia de la familia Barrett: El papá desempleado (Hamilton), la mamá vendedora de bienes raíces (Russell), y los hijos (Goyo & Rockett); la cual empieza a vivir sucesos poltergeist pero con tintes extraterrestres; les mueven los muebles pero dejan figuras extraterrestres, les roban fotos, teletransportan a Sammy, el hermano menor, afuera de la casa, etc... pero las cosas se van poniendo más violentas cuando tres parvadas de distintas direcciones chocan con su casa, la mamá pierde el conocimiento a mitad de la muestra de una casa, el papá sale de la casa inconciente y sangra fuertemente de la nariz, al hijo mayor le aparecen heridas que parecen hechas con hierro ardiente, y a Sammy marcas en la panza como de golpes, moretones que los vecinos y amigos atribuirían a maltrato por parte de los papás... Las cosas se van dando poco a poco hasta que se hartan y buscan ayuda en una especie de Jaime Maussan, un doctor llamado Edwin Pollard, quien les habla de que lo que ocurre es por los llamados "grises", extraterrestres clitché, y que el evento mayor apenas está por suceder, que es que abduzcan a uno de los cuatro miembros de la familia; todo apuntando a que el clímax será a mitad de los festejos del 4 de julio.
Entonces, como menciono, la película cumple, y sobre todo porque es de esas que uno empieza a ver sin expectativa, de lo poco o nada que se habla de ella; volviéndose una bonita sorpresa dominguera que Netflix nos recomendó casi de la nada; por lo que imaginarán que sí es recomendable bajo los parámetros de lo B, que en un día sin ganas de ahondar, funciona perfectamente en la parte de entretenimiento con una trama ligera y ágil que hace feliz un buen ratito inesperado.

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