Estelarizada por Sunny Suljic, la historia, como el título lo dice, sucede a mediados de los noventas, y ya de ahí comienza a especificar un target para conectar con la cinta, pues los que crecimos en ese momento, los que teníamos esa edad cuando la película sucede seremos quienes más nos envolveremos de su sencillez, comprendiendo que en este minimalismo se encuentra esa nostalgia y se halla la grandeza de este proyecto menospreciado.
El argumento en sí, es sencillo, Stevie (Suljic) vive con su hermano (Lucas Hedges) y su mamá (Katherine Waterson) humildemente. Stevie es golpeado todo el tiempo por el hermano, pese a que evidentemente Stevie requiere de una figura mayor a quien admirar; el hermano nunca se deja, por lo que el protagonista tiene que salir a buscar amigos y los encuentra patinando; se vuelve parte de un grupo de skates conformado por Ray (Na Kel Smith), Fuckshit (Olan Prenatt), Ruben (Gio Galicia) y Fourth Grade (Rayder McLaughlin), acogiendo al pequeño de trece años como el hermanito menor de todos mientras se la pasan chévere siendo chavitos. Poco a poco se irán volviendo más alcohólicos pero sin llegar a la ultra rudeza de Kids. Al final sí ocurre un clímax, pero el mensaje en general sucede todo como un discurso de amistad y nostalgia, y la aspereza de crecer sin expectativas en un mundo noventero que nos marcó a muchos casi de la misma manera hasta llegar a la segunda década del siglo XXI.
La cinta termina siendo muy empática y nostálgica, pero no tan grunge, es más hiphoppera; no obstante, es una pieza bella y sencilla que conecta con los treinto-cuarentones que seguimos consumiendo cultura pop como en aquellos tiempos.
Recomendada más que nada a esta generación que existió paralela al tiempo, pero igual es recomendable que todos la vean para callar la boca de las distribuidoras que deciden qué y qué no queremos ver. Que se jodan...

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