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martes, 27 de mayo de 2014

Submarino (2010)

Ya años después de Dogma 95 y del alejamiento y consagración de Von Trier, Thomas Vinterberg siguió moviéndose por un circuito más nórdico independiente, muy distinto y apartado de lo que su compañero logró a nivel mundial; y aunque es menos conocido y ya no tan experimental en su construcción, la filmografía vinterbergiana se mantuvo firme en calidad y trama, pero no con el peso de lo que alguna vez logró en Festen.
Sobre las secuelas de un par de hermanos, Nick (Jakob Cedergren) y Martin (Gustav Fischer Kjaerulff), del alcoholismo de su madre durante su niñez, siendo ahora ellos "parias sociales", afrontando la economía e ideosincracia decadente, uno con un pasado en prisión y el otro en el desempleo con situación monoparental, teniendo que tener a su cuidado a su hijo, quien pese a todo le admira; la cinta se mantiene en una fría estática depresiva que jamás decae a la mediocridad o la malhechura, pero no llega a ser lo que los más grandes momentos del director fueron, sino que se mantiene en la categoría de cinta extranjera buena para festival de cine internacional, de esas que la gente talvez vea, talvez no, y talvez nadie la recomiende o sí, todo tan gris como el sentido mismo del film.
Aún con esto, si usted fue fan del D95 y Vinterberg, se le recomienda que la vea, pues nunca es malo conocer la evolución de los grandes de la historia del cine.






lunes, 26 de mayo de 2014

Festen (1998)

El primer impulso para la reivindicación cinematográfica desde los tiempos de Godard se da en Dinamarca en 1995 por los directores amateurs Lars Von Trier y Thomas Vinterberg, creando el movimiento Dogma 95, cuya primera intención era saltar ese freno contra el cine que era la adquisición de presupuestos, en un mundo demasiado caro para lograr algo, por lo que el "manifiesto" de Dogma, y sus "votos de castidad" es el motor para la realización de 39 cintas, de las que algunas pasan por el ojo internacional con un éxito y trascendencia como no se veía desde los tiempos de Truffaut; iniciando concretamente todos con el Dogma #1: La Celebración (Festen), de Vinterberg, quien lleva a cabo lo que habían planteado él y Von Trier de una manera asombrosa y con una calidad de tal grado que corrobora las estipulaciones de sus planteamientos, volviendo congruente su manifiesto, llegando hasta ganar el premio del jurado de Cannes, y dando inicio a una de las más destacadas tendencias de los últimos tiempos.
Sobre una reunión familiar, donde poco a poco se va situando a cada personaje donde debe de estar, como un gran jaque mate contra el rey a sacrificar, el protagonista, Christian (Ulrich Thomsen), prepara a todos en su familia para la declaración que evidenciara el grotesco y repulsivo andar de su padre, Helge (Henning Moritzen), quien atormentó a él y a su hermana durante sus respectivas vidas, llevándola a ella, Linda, al suicidio, evento que conduce a las acciones de hoy de Christian y llevarán a Helge a la ruina; eso si la familia le cree lo que está por contar.
A parte de ser una joya técnica, en cuanto a D-95 refiere, la trama escrita por el mismo Vinterberg es un total deleite, mostrando una creatividad y calidad nata como pocas veces se ve en el cine, y más aún en las óperas primas (en cuanto a d-95 refiere); sin duda un tesoro de la historia del cine, recomendado para todo aquel interesado a fondo en él, puesto que el Dogma logra su consagración verdadera entre los festejantes que Vinterberg nos muestra.